viernes, 26 de diciembre de 2025

Mi año de escritura




No siempre pasa, y por eso me gusta dejar constancia cuando ocurre. O a lo mejor es algo que debería proponerme hacer anualmente; siempre es agradable echar la vista atrás y ver lo logrado.

Este año me marqué un objetivo literario y lo he cumplido. A pesar de que más de una vez he sentido que no me implicaba todo lo que quisiera, me he sentado el suficiente tiempo, he escrito, borrado, corregido y vuelto a empezar todas las veces que ha hecho falta. De eso va todo esto, de trabajar y avanzar, no de subirnos el ego en redes para después no hacer nada.

He escrito, al menos, diez relatos. Algunos nacieron con la idea clara; otros se fueron formando a trompicones, con paciencia. Muchos fueron para concursos, pero solo dos de ellos fueron seleccionados para formar parte de antologías a nivel nacional.

¿Solo dos? Lo digo como si no tuviera mérito colocar dos cuentos en un mismo año en revistas de altísima calidad como son Pulporama y Orgullo Zombi. Venga, lo corrijo: ¡Nada menos que dos!

Todos han cumplido su función: mantener la mano en movimiento y la cabeza despierta. Entre medias, escribí una novela entera. Ha sido mi mayor proyecto anual. El cetro de los reyes (un nombre que, sin más remedio, tendré que cambiar) ha ido creciendo poco a poco, capítulo a capítulo, hasta convertirse en algo completo. Una nueva aventura que he disfrutado en cada palabra escrita la cual homenajea a los autores clásicos del género. Claro, al terminarla, llegó la parte menos visible e igual de necesaria: la corrección. Se atascó unas semanas por motivos personales, pero ayer, día 25 de diciembre, conseguí acabarla.

Aún quedan un par de revisiones, sí, pero ya serán mucho más fluidas y agradecidas que la primera. Por mi parte, esta nueva historia ya es real.

Además, este año también he vuelto al origen. He revisado El Indigno Campeón, mi primera novela. Volver a ella ha sido un ejercicio extraño y honesto. He ajustado lo que el tiempo pedía ajustar, he pulido lo que la experiencia señalaba sin piedad, y he dejado intacta la esencia que la hizo nacer. No quería reescribirla, sino acompañarla hasta una nueva etapa. De ese trabajo ha salido una nueva edición que ahora también está disponible en digital, cerrando un círculo que llevaba años abierto.

No ha estado nada mal, ¿verdad? Pero es que, además, tuve tiempo de juntarme con unos cuantos colegas y organizar un pequeño evento literario llamado Universo Alternativo. Numerosos autores de la provincia de Albacete asistieron a Librería Herso para compartir experiencias, impartir charlas, talleres y crecer como comunidad, además de recibir la visita del Premio Minotauro y aprender muchísimo con él.

Esto no lo estoy compartiendo desde la euforia, sino desde una satisfacción tranquila. La sensación de haber cumplido conmigo mismo. De haber trabajado sin atajos ni facilidades (más bien, al contrario).

Ahora me toca respirar, pero poco tiempo. Porque sí, ya hay una larga lista de cosas por hacer para el año que viene.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El otoño del escritor

En 2017 fui, por un tiempo, escritor. De verdad. Vale, considero que ahora también lo soy, no me desmerezco. Pero entonces lo fu...