martes, 9 de diciembre de 2025

Xceptions y el vértigo de ver nacer un mundo



Durante aquellos meses de encierro, cuando las calles estaban vacías y el mundo contuvo la respiración, empecé a llenar mis horas de ciencia ficción, de batallas a bordo de naves espaciales y de héroes pixelados que escapaban de una pequeña aldea y terminaban enfrentándose a dioses. Entre novelas, videojuegos y películas, algo se encendió. Una luz tímida y rabiosa. De esa luz nació Xceptions.

Xceptions fue mi tercera novela. Tras las dos primeras historias de la Saga del Trueno y el Hacha, me desvié de la senda de fantasía medieval para adentrarme en una futurista. No buscaba contar una historia de explosiones ni de héroes agresivos e infalibles. Quise escribir sobre gente. Sobre emociones que se quedan pegadas a las costillas, sobre soledades que abren huecos y búsquedas que se alargan más allá de lo visible. Todo envuelto en una atmósfera que respiraba magia y desgaste al mismo tiempo, un paisaje de carreteras y desiertos que hablaba en susurros y sostenía el tema sin mentarlo.

Lo curioso fue darme cuenta de que, aunque mi cabeza siempre viajaba a un futuro catastrófico poblado por terribles seres extradimensionales, lo que más fuerza tenía en mí era el latido interno de los personajes. Sus dudas, sus miedos, sus maneras de querer. Aprendí escribiéndola que la aventura era solo el camino; lo que realmente empujaba la historia eran las conexiones entre los jóvenes protagonistas que se abrían paso sin que yo mismo me diera cuenta.
Hubo un día que recuerdo con especial cariño: antes de escribir una sola página, preparé un croquis enorme, una especie de mapa secreto lleno de flechas, notas y misterios. Se lo expliqué a mi pareja en una exposición que parecía sacada de una junta directiva. Ella escuchaba; yo hablaba sin parar, como si presentara un proyecto que tenía que defender con el alma. Pareciera estar buscando un aprobado, pero no me hacía falta, pues la novela ya había cobrado vida.

Cuando la editorial, un año y cuatro meses después de empezarla, me envió los primeros ejemplares, sentí vértigo. Había logrado lo que años atrás parecía un sueño imposible, una ilusión que se deshacía al tocarla.

Hoy Xceptions es, además de una aventura fascinante (es que esto hay que decirlo), una parte muy importante de mi carrera literaria y todo un recordatorio de que las metas se abren paso con paciencia, esfuerzo y silencio. Guardaré siempre en mi memoria los momentos en que muchos de los lectores, al acabarlo, me escribieron o se acercaron para decirme que el final los dejó descolocados, que los protagonistas les habían despertado empatía y que sus silencios tenían peso propio.

Últimamente le dedico casi mi tiempo de promoción a las novelas fantásticas, porque esto va por temporadas y ahora es lo que toca, pero me sentía en deuda con Xceptions. No solo con la historia, sino conmigo: quién fui antes, durante y después de escribirla.

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