domingo, 16 de noviembre de 2025

Lo íntimo y lo universal


Creo... No, no creo. Sé. Sé que hay cosas que son hermosas precisamente porque casi nadie las conoce. Un libro que solo tú tienes, un poema que descubriste por accidente, una película que pasó desapercibida para el resto del mundo... Todo adquiere una luz especial cuando es un secreto compartido solo contigo, un tesoro que nadie puede contaminar.

Recuerdo mis primeras experiencias de este tipo: apenas un chiquillo escuchando algunas canciones que me hicieron vibrar como si el mundo entero se hubiera detenido por un instante. Todo era nuevo y asombroso; cada melodía, cada palabra, me parecía un descubrimiento propio, un hallazgo que pertenecía solo a mi manera de sentirlo. Aprendí a imaginar, a ver más allá de las cuatro paredes que me resguardaban, a escribir lo que sentía mientras las oía en mi habitación.

Luego, por supuesto, me topé con la otra cara de la moneda: el brillo se diluyó cuando otros también empezaron a escucharlas, cuando el secreto ya no era solo mío. A ver, no os confundáis: compartirlo con unos pocos seguía teniendo un encanto especial, pero cuando la popularidad envolvió aquello que amaba en solitario... Sentí una mezcla de desánimo y celos; pensé, de manera un tanto tonta, que no todos podrían experimentar lo mismo, que algunos lo disfrutarían de formas superficiales o diferentes, como si el hechizo se rompiera por el mero hecho de compartirse.

Y creo que ahí hay una pizca de verdad, ¿sabéis? Sí, es así. No de la manera infantil que lo pensaba antes, pero sí de la forma en que entendí que algo deja de ser especial cuando ya no es íntimo, como un secreto gritado a pleno pulmón en la plaza del pueblo.

Con los años aprendí a aceptar esta realidad. La maravilla de lo íntimo puede cambiar de forma, y aunque a veces duela, no desaparece del todo. Las experiencias que una vez me parecieron únicas siguen estando ahí, intactas en mi memoria y en la manera en que me conmovieron.

Y, al final, hay cosas que jamás llegarán a hacerse virales, y menos mal. Para alguien raro con gustos raros como yo, eso es un alivio. Siempre habrá versos, cómics, películas y pequeños mundos que permanecerán escondidos, esperando a quienes necesitemos refugiarnos en ellos. Y quienes hemos sentido esa magia en silencio, siempre tendremos nuestro rincón secreto donde volver a emocionarnos sin que nadie nos lo arruine.

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