martes, 24 de febrero de 2026

Espera sentado, colega


¡¿Cómo es posible tardar tanto en publicar la continuación de una saga cuando uno vive de escribir?!

Lo digo sin ánimo incendiario (bueno, un poquito, ya sabes), pero, sobre todo, desde la genuina perplejidad de lector.

Pienso, inevitablemente, en nombres como George R. R. Martin o Patrick Rothfuss. Autores consagrados, profesionales, con contratos sólidos, equipos editoriales detrás y una legión de lectores esperando desde hace años el siguiente volumen de sagas que ya forman parte de la historia reciente del género. Entiendo (de verdad que lo entiendo) que escribir obras del calibre de Canción de hielo y fuego o El nombre del viento no es tarea menor. Son proyectos descomunales, ambiciosos, técnicamente complejos, con tramas entrelazadas, coherencia interna milimétrica y una presión mediática que no debe de ser fácil de gestionar.

Hasta ahí, de acuerdo.

Pero también veo, cada vez más, autores independientes (autoeditados o no) que publican sagas muy bien elaboradas, coherentes, con mundos sólidos y personajes memorables, que no tienen nada que envidiar a las grandes referencias del género. Algunos podrán establecer un marco comparativo en el que digan que no están al mismo nivel de calidad. Puedo estar más o menos de acuerdo. Otros dirán que no son tan ambiciosas. También puedo conceder eso. Porque sí, he leído a los grandes y soy consciente del trabajazo que implica levantar estructuras narrativas de ese tamaño.

Sin embargo, también he leído otras muchas sagas que funcionan. Que enganchan. Que cumplen. Que... se salen.

Y no voy a mencionar a Sanderson. Ese hombre juega en una liga que no pertenece al mundo terrenal.

Además, los grandes autores no están solos. Las editoriales coordinan calendarios, aportan editores de mesa, correctores de estilo, correctores ortotipográficos, lectores cero, editores de continuidad y de lore, asesores históricos, equipos de marketing, planificación estratégica de lanzamientos, estudios de mercado, campañas internacionales… Es un engranaje enorme que, en teoría, debería facilitar el proceso.

Por eso, incluso asumiendo que sus sagas estén por encima de muchas independientes, me sigue resultando difícil imaginar los verdaderos motivos por los que no llegan esas continuaciones tan pedidas. Cuando trabajaba en la librería tenía teorías relacionadas con el marketing editorial, con la creación de expectación artificial o con estrategias de posicionamiento. Hoy, sinceramente, ya ni eso me termina de cuadrar.

No quisiera terminar esta entrada sin hablar de mis libros, qué menos.. La Saga del Trueno y el Hacha comenzó en 2018 con El Indigno Campeón, continuó en 2020 con La Compañía Exánime y en 2024 llegó La Rosa Argéntea. He intentado intercalar proyectos entre una entrega y otra para no fatigarme y, sobre todo, para no convertir la saga en una obligación asfixiante. No vivo de esto. Presionarme para cerrar rápido cada arco solo conseguiría bajar la calidad y aumentar el estrés.

Si no me fallan los cálculos, en 2026 escribiré la cuarta parte, cuyo título provisional es El Sendero Arcano. Después pararé un par de años para abordar una novela especialmente ambiciosa, y más adelante encadenaré la quinta y la sexta entrega, que cerrarán definitivamente la historia.

¿2030 es una buena estimación para el final? Ojalá. Quizá. El tiempo siempre tiene la última palabra.

En cualquier caso, mientras gocemos de buena salud y las ideas sigan apareciendo, la saga irá llegando. No a golpe de calendario impuesto, sino al ritmo que permita que cada libro esté a la altura de lo que merece ser contado (pero no tanto como Vientos de Invierno, prometido).

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