Llevo días con un hormigueo en el cuerpo que me tiene dando saltos, imaginando y hasta soñando. Y es que, aunque llevo media vida esperándolo, aún me cuesta creerlo: Metroid Prime 4 ya está aquí, ya es real, ya respira.
Algunos pensaréis que exagero, pero quienes han vivido esta saga entienden que no es cosa de expectativas, sino de un sentimiento mucho más profundo.
Algunos pensaréis que exagero, pero quienes han vivido esta saga entienden que no es cosa de expectativas, sino de un sentimiento mucho más profundo.
Mi historia con Metroid empezó cuando yo era poco más que un crío, sentado en el suelo, frente a una Super Nintendo y junto a un papel cuadriculado en el que dibujaba mapas. Super Metroid fue para mí una revelación: el planeta Zebes, la sensación de soledad y peligro constante, la banda sonora de auténtica ciencia ficción, la protagonista preparada para dar matarile a cualquier bicho que se le pusiera por delante...
Ahí empezó todo. Una mina de oro para un chaval rebosante de imaginación.
Dibujos, fanfics (sin saber por entonces que tenían ese nombre), diseño de futuras entregas...
Y cuando, años después, cayó en mis manos Metroid Prime de GameCube... Abrí una puerta a un nuevo mundo para el cual no estaba, ni de lejos, preparado. La combinación de exploración, soledad y descubrimiento llegó a cotas tan altas en sus tres dimensiones que parecía ilógico que fuera real.
Sí, había tocado un par de juegos de la saga y ya sabía que para mí estaba por encima de cualquier otra, pero lo de entonces me hizo amarla. Me hizo rejugarla, aprender todo sobre ella, memorizar su historia, su cultura... Me marcó tan hondo que acabó convirtiéndose en mi refugio personal. Si algún día me pierdo y necesitáis encontrarme, buscadme en Tallon IV, pululando en la superficie vegetal del planeta.
No me he saltado ni un juego, claro. He recorrido cada planeta, cada estación, cada recoveco decenas de veces. Los lugares se me quedaron grabados en la cabeza tanto o más que la casa de mi infancia. Por eso, cuando pienso en Metroid Prime 4, no veo solo una nueva entrega, sino que regreso a ese lugar seguro que, cada ciertos años, reaparece.
Debo decir que lo que más me emociona de su lanzamiento es la perseverancia. El simple hecho de que, después de tantos años, Nintendo no se haya rendido. Que continúe viva una saga que nunca vendió como Mario o Zelda, que mantiene una llama de distinto color, pequeña y poderosa, sostenida por quienes la amamos de verdad. Esa terquedad preciosa de seguir adelante aunque el mundo mire hacia otro lado (de algo muy parecido hablé en una entrada anterior).
Cuando por fin tenga el mando en las manos, sé que regresará esa misma emoción que sentí de niño con la Super Nintendo encendida. Y sé que volveré a casa, a mis planetas imposibles, a mis corredores abandonados, a la soledad tan acompañada que ninguna otra saga me ha dado jamás.
A modo de despedida, no puedo callarme el hecho de que la villana de mi novela Xceptions, salvando necesarias diferencias, está creada a imagen y semejanza de Samus Aran, la protagonista.

No hay comentarios:
Publicar un comentario