domingo, 5 de abril de 2026

Escribiendo desde ninguna parte

Llevo unas semanas sin pasar por aquí y no ha sido por dejadez ni falta de ganas. Ha sido, simplemente, por el cambio. Cambio de trabajo, cambio de ciudad, cambio de rutina. Y, como suele pasar con estas cosas, todo lo que antes tenía su sitio ha tenido que recolocarse poco a poco.

Ahora mis días empiezan de otra forma. Muy, muy temprano. Y con un tren.

De hecho, esta entrada la estoy escribiendo ahora mismo, camino de Madrid. Portátil abierto, gente alrededor, ese ruido constante de fondo que, sorprendentemente, no molesta tanto como uno pensaría. Al final, uno se acostumbra a todo.

La idea es que estos trayectos dejen de ser tiempo muerto. O, al menos, que no lo sean del todo. Quiero aprovecharlos para avanzar en mis proyectos de escritura, y por eso me he hecho con un portátil de segunda mano que, si todo va como espero, será el encargado de guardar la cuarta parte de El Indigno Campeón. Ya iremos hablando de eso.

También ha habido algún cambio más. Me han regalado un móvil nuevo, con una cámara bastante decente, y estoy pensando que quizá sea el momento de hacer un pequeño esfuerzo con las redes. Sobre todo con la parte visual, que siempre la he tenido un poco abandonada.

Ah, sí. ¿Sabéis? Estoy haciendo bastante ejercicio. Siempre lo he hecho, pero cuando me puse a estudiar la oposición, paré en seco y no ha sido hasta ahora que lo he retomado. Recupero la forma y me siento agradecido.

En general, estoy bien.

Podría estar mejor, claro. Viajar todos los días no es precisamente barato y el cuerpo también nota el cambio. Pero dentro de lo que cabe, todo marcha. Y, poco a poco, voy encontrando huecos donde antes no los había.

Este, por ejemplo.

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