Esta entrada es una ampliación de una reflexión que compartí en Threads. Sentí que la red se me quedaba pequeña para expresar mis ideas.
En los últimos tiempos he notado un rechazo (minoritario, pero bastante ruidoso) hacia la tradición literaria y las normas que hemos heredado. No lo menciono desde la crítica ni desde la superioridad, sino desde una sincera sensación de desconcierto. Me interesa entender de dónde nace esa postura y qué la alimenta.
Comprendo, por supuesto, el deseo de romper moldes. La literatura siempre ha avanzado gracias a quienes se atrevieron a tensar los límites. Además, muchas corrientes del pasado ya no conectan con nuestra sensibilidad actual, y algunas arrastran valores que hoy miramos con distancia o directamente con incomodidad. Es lógico querer escribir desde el presente y no desde una nostalgia impostada.
Lo que me cuesta más entender es el rechazo frontal a conocer la tradición. No hablo de obedecerla ciegamente ni de convertirla en una ley inamovible, sino de comprenderla. De saber de dónde venimos. No se trata de conservadurismo, sino que tengo claro que solo entendiendo el pasado podemos escribir el presente con mayor intención y mayor conciencia.
En mi caso, mejorar como escritor pasa por no dejar de aprender. Por formarme cuando puedo. Por leer fuera de mi zona de confort. Por adentrarme en libros que nadie me ha recomendado. Por comparar estilos, géneros, voces y formas de narrar que no se parecen en nada a la mía.
Esto no va de imitar. Tampoco de jerarquizar. No quiero, ni mucho menos, decidir quién es mejor. Solo busco entender (esa es la palabra: entender). Entender qué diferencia mi literatura de la de tuya. Qué hace único a cada género. Por qué unas historias se cuentan de una manera y no de otra. Por qué escribimos como escribimos.
Creo que la tradición no es una jaula. Es, más bien, algo así como un mapa.
Y un mapa no te obliga a seguir un camino concreto, pero sí te ayuda a saber dónde estás, de dónde vienes y qué rutas existen, incluso si decides no recorrerlas.
Pero, en fin, aunque no me convenzan esos dos conceptos, yo siempre fui un escritor de mapa.
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